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Toreros, historia y arte

Temporada 1

Así fue Palomo, bravo como el promero, o más, rbelde, torero, torerazo...orgulloso, luchador, un guerrero en cuerpo de niño, irreductible, el hombre que nunca se doblegó.

Juan Belmonte (Sevilla, 1892 – Utrera, 1962), criado en el barrio de Triana, fraguó y moldeó un nuevo concepto del arte del toreo, que con su irrupción provocó una catarsis colectiva en el público de toros en la España del segundo decenio del siglo XX. Convulsionó los cimientos de todas las plazas de toros con su poderío con la muleta.

Antonio Mejías Jiménez, Bienvenida en los carteles y en la vida misma. Don Antonio para los más aficionados. Nació torero en cuna de toreros y murió sin dejar de serlo.

Manuel Jiménez Díaz, “Chicuelo II” (Iniesta, Cuenca, 1929 – Jamaica, 1960), huérfano de padre, y criado en el seno de una familia numerosa, inició en una sencilla bicicleta el camino hacia la gloria taurina desde las fiestas taurinas de Cuenca y Albacete hasta convertirse en un diestro grandioso, que puso el toreo patas arriba.

Pedro Martínez Pedrés, nacido en un aladea cerca de Albacete. Se viste en 1950 por primera vez de luces en la Plaza de Albacete.Como aportación a la estética del toreo del siglo XX, dejó un lance de su invención, la pedresina, consistente en un pase cambiado de muleta que se ejecuta dando el diestro la espalda al astado en el momento del cite, para aguardar su acometida con la muleta plegada en la mano izquierda.

Victoriano Cuevas Roger, “Victoriano Valencia” (Madrid, 1923), el llamado “torero abogado”, y miembro de la dinastía taurina de los “Valencia”, destacaba en los ruedos por su estilo de toreo artístico y de corte clásico. Una vez retirado del ejercicio activo de la profesión, sigue dedicado en cuerpo y alma al mundo de los toros, como empresario y apoderado.

El torero Rafael de Paula, la armonía, la postura y la gracia ensambladas en las manos prodigiosas de un artista excepcional.

Julio Aparicio encabezó el sentir torero de media España desde que apareció en los ruedos cuando el siglo XX llegaba a su mitad.

José Fuentes, el torero que aunó la mejor técnica con la elegancia y lo aderezó con torería en plena vorágine del cordobesismo.

Menudo y bravo, así es como se le conocía a Miguel Márquez, un valiente a carta cabal que sabia torear y con gran talento para ello, el cual, llego como un huracán al mundo de la tauromaquia.

Dámaso González, nacido en Albacete y criado en una familia de ganaderos comenzó su carrera taurina en diversas capeas por tierras manchegas.

Manuel Laureano Rodríguez Sánchez "Manolete", inevitable referencia para entender el arte del toreo contemporáneo.

Julio Robles, un salmantino de Ávila, torero de maduración lenta como los buenos vinos, un lujo para la tauromaquia y alguien que supo ganarse la admiración y el corazón de todos los aficionados.

Pedro Gutiérrez Moya, "el niño de la capea" con tan solo 20 años torea de capa en la Plaza de Toros de Bilbao, un escenario de primera categoría.

Grande entre los más grandes, todo un carácter, arte, valor y orgullo, ese era y es Antonio Ordóñez, el cual, acumulo grandes reconocimientos.